domingo, 15 de marzo de 2009

Inmigrantes en USA Oscar J Franco La impuntualidad #5 3 09

Los inmigrantes en USA Oscar J Franco El espacio personal #6 3 09

Entiende pero no habla

OSCAR J. FRANCO O.: Entiende pero no lo habla
By OSCAR J. FRANCO O.
Eso me dijo un amigo latino, cuando le hice una pregunta en español a su hijo de unos 12 años y el chico me contesto en inglés. Al ver mi cara de extrañeza, mi amigo comentó que sus hijos menores de edad habían llegado a este país muy pequeños, sin hablar inglés y en la escuela rápidamente lo habían aprendido. Pero perdieron la capacidad de comunicarse en español pues ``lo entienden pero no lo hablan''.

Esta situación está ocurriendo con bastante frecuencia, aunque afortunadamente es minoritaria. Entiendo y acepto que cuando emigramos a este país es necesario hacer todos los esfuerzos para dominar el idioma. Lo cual es crucial para los niños, adolescentes y jóvenes adultos, quienes se integrarán a la sociedad con mucha más eficacia dominando el inglés. Lo que no entiendo y me cuesta aceptar es que se sacrifique la lengua materna, en este caso el español. Entender pero no hablar un idioma no significa dominarlo.

Cada quien es dueño de sus actos y sus posiciones sobre la educación de sus hijos. Respeto la decisión, pero no entiendo cómo padres y madres latinos aceptan que sus hijos, aunque hayan nacido aquí, no hablen español. No entiendo por qué se les obstruye la posibilidad de comunicarse con los familiares, amigos y compatriotas de su país de origen.

El idioma es la base de la estructura cultural de un país. ¿Como harán esos niños y niñas que entienden pero no hablan español, para identificarse con sus orígenes y sentirse parte de un importante grupo poblacional del mundo, al cual pertenecen sus padres?

Llama la atención que la mayoría de los descendientes, ya en tercera y cuarta generación, de los cubanos que aquí llegaron hace 50 años, hablan inglés como cualquier ciudadano americano, pero hablan también español, como cualquier cubano. Aunque ellos y sus padres hayan nacido en estas tierras.

Los cubanos, y lo mismo pasa con los puertorriqueños, que tienen muchos años viviendo en esta nación, continúan empeñados en que sus hijos hablen español.

Paradójicamente, aunque minoritariamente, son algunos de los integrantes de esta nueva ola de inmigrantes latinoamericanos, a la cual pertenezco y aquí residenciados hace menos de una década, en los cuales se observa la práctica de no preocuparse ni motivar a sus hijos para que conserven o aprendan el español.

Pero vayamos a lo práctico: los latinos constituimos el grupo mayoritario dentro de los inmigrantes en este país. En mayo del 2008 la Oficina del Censo reportó que la población hispana es de 45.5 millones, lo cual significa que el 15.1% del total de la población, estimada en 301.6 millones, habla español.

Cabe anotar que EEUU es la segunda nación después de México, con el mayor número de personas que hablan español. La población de España y Colombia ronda los 40 millones. Mundialmente, el español es la lengua nativa de 350 millones de personas y el inglés de 340 millones. Es decir, que quien habla español e inglés puede comunicarse con casi 700 millones de personas.

Me cuesta aceptar que los padres de niños que entienden pero no hablan español, conscientemente les nieguen la oportunidad de ser bilingües, lo cual les abre puertas laborales, comerciales, sociales y de integración prácticamente con la totalidad del continente americano y España. Sencillamente les están limitando su futuro.


ofmediator@hotmail.com

lunes, 9 de febrero de 2009

Nuestros hijos y la crisis financiera

Nuestros hijos y la crisis financiera
Oscar J. Franco O.
ofmediator@hotmail.com
Nuestros hijos dependen de la estabilidad familiar, social, educativa, salud y financiera que le proporcionamos, mediante nuestros esfuerzos personales y con nuestra pareja, además del ejercicio de nuestras actividades laborales. Trabajamos arduamente para darles las mejores condiciones para su desarrollo físico e intelectual. Nos preocupamos por su futuro y tomamos las previsiones del caso, para garantizarles una educación que les permita emprender con éxito su propio camino en la vida y recomenzar el ciclo, con sus propias familias.
En tiempos normales no es fácil, mas bien bastante difícil, la lucha diaria en todos los flancos, para lograr los objetivos que mencionamos, pero resulta que no estamos en tiempos normales, todo lo contrario. Estamos sumergidos en una profunda crisis financiera mundial y especialmente nacional, con la caída estrepitosa de los mercados financieros mundiales, la debacle inmobiliaria, la grave situación bancaria, la mas alta tasa de desempleo en décadas, bancarrotas empresariales y personales y paremos de contar para no llorar.
Evidentemente los adultos sufrimos en carne propia las amarguras y descalabros de la crisis financiera. Lamentablemente y sin nosotros quererlo, los niños se ven envueltos en el torbellino que ocurre, cuando en el seno de la familia, hay serias dificultades económicas. Poco a poco y a veces repentinamente, el nivel de vida que los niños estaban acostumbrados a disfrutar, se desmorona o derrumba.
Las escuelas privadas, las tutorías, las clases especiales como el ballet, el karate, las actividades deportivas, las vacaciones, los juguetes, regalos, actividades sociales, celebraciones de fechas importantes, las posibilidades de estudiar en universidades privadas, el automóvil prometido para la graduación, el viaje a visitar a la familia y muchos ejemplos mas, se imposibilitan, porque los ingresos de los padres, simplemente no cubren el presupuesto necesario.
La crisis financiera, además, incide en las parejas ya estresadas por la realidad económica. Aumentan las separaciones y divorcios, con las perniciosas consecuencias para los hijos.
Por si fuera poco, hay estudios que señalan que en medio de la crisis, la salud de los menores tiende a deteriorarse, no solo porque no hay recursos para pagar la necesaria atención medica preventiva y curativa de los niños, sino porque se descuidan elementos básicos como la alimentación balanceada.
Paradójicamente, se observan dos condiciones médicas opuestas, y sumamente dañinas, a saber, la malnutrición y la obesidad infantil. La primera es resultado de la escasez de recursos para proprcionar una nutrición caloricamente apropiada a los niños.
La obesidad infantil, ya es un problema sumamente grave, al punto que organizaciones mundiales de salud hablan de epidemia. En el país, uno de cada 3 niños es obeso, en el mundo es uno de cada diez. Con mator incidencia en los países desarrollados y no necesariamente porque haya mas recursos sino que se alimenta mal a la juventud.
Los estudios especializados señalan que se considera que un/a niño/a es obeso/a, cuando su peso sobrepasa el 20% de lo ideal, para su edad. La obesidad es producto de factores preponderantes, como las cargas genéticas y precipitantes, como dietas desbalanceadas, cargadas de carbohidratos, grasas y azúcar. Influyen además, la falta de ejercicio provocada por la inactividad física que producen el televisor, las computadoras y los celulares. Estos factores precipitantes, son mas incisivos, cuando los padres no tienen recursos o están tan agobiados por la situación, que descuidan principios básicos alimentarios.
Los niños son pues, las victimas inocentes de la cruda guerra en que están los padres, para lograr la sobrevivencia financiera. En su inocencia, sin saber porque, los menores comparten la dura realidad de la familia.
Los padres toman decisiones drásticas pero necesarias, como cambiar de escuela, y suprimir comodidades y actividades. Muchas veces se adopta la actitud, de no explicar dentro de la medida de la capacidad de comprensión del niño o adolescente, que es lo que esta sucediendo y porque hay limitaciones importantes en el modus vivendi familiar. Frecuentemente se esgrime la mejor intención, como por ejemplo “Para no preocuparlos”, en otras ocasiones se menosprecia a los niños, porque “Ellos no entienden de esas cosas” y hasta se adoptan actitudes condescendientes como “Eso no es problema de ellos, o autoritarias “Ellos tienen que hacer lo que se les diga”.
Sea por la razón que fuere, los niños en su desconocimiento, al verse constreñidos u observar conflictos y penurias familiares, pueden responder negativamente. En cuyo caso adoptan actitudes desafiantes ante los padres, la conducta en el el hogar y en la escuela no es la apropiada, se deprimen, bajan su rendimiento escolar, se muestran intolerantes con hermanos y amigos, ocurre también aislamiento frente a la familia. Inclusive, no es de extrañar que se sientan culpables que las cosas en la familia no “anden” bien y los padres se peleen constantemente.
La comunicación efectiva es esencial para prevenir y solucionar conflictos, conviene hablar con los hijos sobre la situación. De ser necesario podemos buscar asesoramiento para tratar el tema o pedir ayuda en los departamentos de apoyo sicológico en las escuelas o a profesionales especializados en el manejo infantil
También puede ocurrir que los propios padres estemos confundidos con el maremágnum de noticias, análisis económicos y declaraciones de los expertos, explicándonos, porque estamos en el medio de la peor crisis financiera desde la depresión del siglo pasado en los años 20.
Si ese es su caso, amigo/a lector/a, le recomiendo un video pedagógico, en lenguaje coloquial (ingles), que explica lo que esta pasando, abriendo la página de Internet: www.youtube.com/watch?v=h4Ns4ltUvfw