miércoles, 3 de septiembre de 2008

El nativismo en EEUU

El nativismo en EEUU
OSCAR J. FRANCO O.
Desde el punto de vista inmigratorio, el término nativismo se basa en que únicamente las personas nacidas en un determinado país pueden ser considerados ciudadanos de dicha nación. El nativismo no es nuevo en la historia de la humanidad, por el contrario ha sido motivo de atrincheramiento de culturas y civilizaciones.
En la historia de Estados Unidos el nativismo ha sido recurrentemente esgrimido como argumento antiinmigratorio. En el siglo XIX, los nativistas eran esencialmente los ciudadanos blancos y protestantes. En este siglo, el movimiento nativista comprende sectores de la población, comúnmente denominados WASP, es decir, blancos, anglosajones y protestantes, pero se le han sumados otros grupos étnicos, diferentes ya sea por raza o creencia religiosa, pero que comparten la idea de que sólo se puede considerar ciudadanos a aquellos que hayan nacido en este país.
Corrientes extremistas inclusive les niegan la ciudadanía a los hijos aquí nacidos de los inmigrantes ilegales. Los llaman anchor babies, literalmente ''bebés anclas'', alegando que las madres vienen a este país con el propósito de dar a luz y acogerse a los supuestos beneficios que les proporciona tener progenie con ciudadanía americana.
Afortunadamente, el sector de la población empecinado en el nativismo es muy reducido, sin embargo tienen poderosas conexiones que les facilitan propagar sus ideas.
En este país han ocurrido varios ciclos nativistas los cuales coinciden con las diferentes olas inmigratorias. Crisis económicas y sociales mundiales han obligado a grandes sectores poblacionales a emigrar, como fue el caso de la hambruna de la papa, en el siglo XIX, que hostigó a Europa, especialmente a Irlanda, y que motivó una importante inmigración irrestricta a Estados Unidos. Resaltamos que los repuntes de las tendencias nativistas se observan en momentos en que los países sufren crisis económicas, culturales, políticas o religiosas.
Chinos, escandinavos, alemanes, italianos, polacos y otros grupos aumentaron la población de este país durante más de 100 años. En su momento, como control, se establecieron leyes limitativas como el Chinese Exclusion Act de 1880, con cuotas inmigratorias, como el National Origin Act (1921).
La corriente antiinmigratoria se acrecienta cada vez que un nuevo grupo intenta echar raíces en estas tierras; los que llegaron anteriormente y ya se han anclado, resisten y hacen todo lo posible por mitigar mediante leyes la entrada de inmigrantes, y de ser posible cerrarla.
Los argumentos del nativismo han sido tradicionalmente básicamente los mismos, tales como que los inmigrantes ocupan las fuentes de trabajo de los nativos, causan desempleo, traen enfermedades ya erradicadas, tienen creencias religiosas distintas a las tradicionales mayoritarias, encarecen la seguridad social, abarrotan los hospitales sin poder pagar los servicios médicos, aumentan sensiblemente los índices de criminalidad y los hijos colapsan el sistema educativo. Afortunadamente, los ataques nativistas contra todos los grupos de inmigrantes que ya mencionamos fracasaron.
Sin embargo, en la actualidad preocupa que, aunque en minoría, descendientes de aquellos inmigrantes que en su oportunidad fueron objeto de prejuicios luchan duramente contra la inmigración principalmente hispana, especialmente la mexicana. Los mexicanos constituyen la mitad de los aproximadamente 12 millones de inmigrantes indocumentados, así como más de la mitad de los 45 millones de inmigrantes que vivimos en este país.
Además del rechazo a la obvia ilegalidad de quienes, por las razones que sean, entran al país o se quedan, quebrantando las leyes, se suman las ideas que enfatizan el riesgo de la infiltración terrorista, la incapacidad de aprender inglés, la transculturización del país por la influencia de la cultura latina y especialmente la influencia mexicana, como elemento de desestabilización de los valores, costumbres e ideologías propias de la nación desde su nacimiento en 1776.
Los nativistas se oponen frontalmente a soluciones inmigratorias coherentes pese a que este país se presenta al mundo como un icono de la igualdad de sus ciudadanos, democracia, libertad; sin importar raza, color ni credo. Diversos estudios llegan a la conclusión de que los temores de que la inmigración hispana representa un gravísimo peligro para la cultura y la población americanas no tienen fundamento.
La repetida idea de que los hijos de los inmigrantes hispanos no aprenden el idioma ni se integran a esta sociedad fue objeto de una importante investigación, recientemente publicada por el Center for Urban Research, de Nueva York, en el libro Inheriting the City. El estudio duró 10 años y se denominó Proyecto Segunda Generación. Durante ese periodo se analizaron a 3,000 jóvenes nacidos en Nueva York, la mayoría entre 20 y 30 años de edad, divididos en 5 grupos: rusos, sudamericanos, chinos e hindúes, comparándolos con ciudadanos americanos blancos, puertorriqueños y afroamericanos. La investigación demostró que la inmensa mayoría domina el inglés como lengua materna y se ha integrado totalmente a la cultura norteamericana.
La diferencia más palpable entre los dos grupos fue que los hijos de inmigrantes absorbieron los mejores valores de las culturas de origen de sus padres, añadiéndoselo a la educación que recibieron en este país, una excelente combinación.
Por otra parte, la plañida idea de que los hispanos no sienten a Estados Unidos como su patria, no sólo ha sido contrariada por los estudios sociológicos, sino por los miles de hombres y mujeres latinos que voluntariamente han ingresado al ejército para defender esta nación frente al terrorismo que vilmente atacó el 11 de septiembre del 2001.
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