viernes, 21 de noviembre de 2008

Ancianos maltratados

Ancianos maltratados
OSCAR J. FRANCO
Según Wiston Churchill, ''llegar a viejo no es tan malo, cuando se considera la otra alternativa''. Es decir, envejecemos porque estamos vivos. Los años dorados están llenos de recuerdos, alegrías, compartir con los seres queridos y disfrutar del merecido descanso que da la jubilación. Sin embargo, la realidad de la vida impone limitantes físicas y en ocasiones mentales.
El National Center for Elder Abuse (NAEC) reporta que el abuso y maltrato de los ancianos es un problema nacional. Se estima que anualmente hay entre 1.5 a 1.84 millones de ciudadanos de la tercera edad víctimas de esta situación. El NAEC enfatiza que un número igual o mayor de casos no son denunciados.
Quienes abusan y maltratan a las personas de la tercera edad se aprovechan de sus condiciones de minusvalía o incapacidad. Las agencias que manejan la materia estiman como el abuso más común la negligencia de los familiares en lo que respecta a cuidar y preservar la salud y bienestar general de los ancianos. El segundo renglón son los maltratos emocionales y sicológicos, seguidos por la violencia física, explotación financiera y el abandono.
Según estudios del Departamento de Justicia y el NAEC, el 68% de los perpetradores son los hijos adultos de los ancianos y sus cuidadores, ya sea en sus propios hogares o en asilos. Les siguen los cónyuges, luego los nietos, así como familiares más o menos distantes. Por último, están los amigos, conocidos y hasta extraños, quienes premeditadamente se aprovechan, especialmente desde el punto de vista financiero.
De acuerdo con el National Committee for Prevention of Elder Abuse, en los casos de abusos por parte de familiares frecuentemente los victimarios se sienten con derecho a actuar de esa manera, como compensación por la ''obligación'' de cuidar al anciano.
La idea de que los ciudadanos de la tercera edad sean el blanco de abusos y maltratos ya es conmovedora, pero que la mayoría de las personas que cometen esta actitud irracional sean quienes les deben amor, agradecimiento, lealtad y hasta la vida es muy doloroso.
Sin embargo, es una realidad y como tal debemos afrontarla e informarnos para prevenir, evitar y denunciar esta terrible situación.
Detectar el problema es muy importante, existen numerosas señales y condiciones que son observables sin mucho esfuerzo. Cada caso tiene su propia sintomatología. La organización Helpguide menciona algunas señales para diferentes tipos de abuso.
• La negligencia se manifiesta al no cumplir con la obligación de cuidar a los ancianos y es activa (intencional) o pasiva (no intencional). Esta última puede ser por desconocimiento de las necesidades de la persona, o por dejarse llevar por su insistencia de que está bien, no necesita nada y se puede cuidar por sí misma. A menudo, los familiares se aprovechan de esa situación para excusar la evasión de la responsabilidad. Enfermedades recurrentes o crónicas, pérdida de peso, mala higiene y apariencia descuidada pueden ser evidencias de negligencia por parte de los responsables.
• El abuso físico se produce fácilmente pues la fragilidad corporal de los ancianos los hace muy proclives a traumatismos. Dejar de administrar, o hacerlo incorrectamente, las medicinas, tratamientos y terapias son considerados abusos físicos.
• Gritar, intimidar, humillar, ridiculizar, ignorar, aislar, amenazar son considerados abuso emocional en cualquier edad.
• El abuso financiero es muy común y sumamente grave pues cercena a la gente mayor de sus ahorros e ingresos por pensiones, jubilaciones y seguros, dividendos, etc. Son frecuentes el robo de efectivo y el uso indebido de cheques, tarjetas de crédito y bienes personales. En muchas ocasiones, la excusa de que fue un regalo es alegada por el abusador, quien se aprovecha de la escasa capacidad de la persona o la chantajea sentimentalmente para recibir dádivas.
• Los ancianos son bombardeados por los medios de comunicación y por algunos comerciales de televisión y telemarketing telefónico para obtener datos de las tarjetas de crédito, número de seguro social, dirección, lo necesario para estafarlos.
• Concursos, pirámides monetarias, premios, donaciones a entidades fraudulentas, entre muchas otras componendas, están concebidos para abusar financieramente de nuestros abuelos y abuelas.
• El último abuso a tratar, por lo repugnante, es el abuso sexual. No vamos a entrar en detalles, pero alertamos de su existencia. La violación es obviamente un delito sexual, pero existen otras conductas perniciosas y condenables legalmente.
Aparte del amor y la gratitud que les debemos a nuestros ''viejos'', tenemos la obligación de protegerlos. No basta con llamar por teléfono una o mil veces al mes. El contacto personal es crucial para verificar el estado físico y las condiciones en que viven. Visitar, conversar, escuchar con atención las quejas, ya que no siempre son achaques ni majaderías de la edad. Es importante conocer quiénes son los vecinos y los integrantes del círculo de amistades e inclusive relaciones sentimentales. El Departamento de Salud reporta un incremento alarmante de enfermedades venéreas en personas de la tercera edad. Recordemos que los avances médicos sobreponen incapacidades físicas y sexuales, comunes en esa etapa de la vida.
Intercambiar ideas, alertar de los riesgos, preguntar con respeto sobre las finanzas, necesidades físicas y mentales, son algunas de las cosas que podemos hacer para cuidar no sólo a nuestros abuelos y abuelas, sino a vecinos y amigos en la última etapa de su vida.

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