sábado, 31 de mayo de 2008

Convivir con los celulares

Opinión
Publicado en el Nuevo Herald el martes 27 de mayo del 2008
Convivir con los celulares
OSCAR J. FRANCO O.
Aunque los jóvenes no lo crean, en la antigüedad (hace unos 25 años) existían unos teléfonos que estaban conectados por un cable a la pared, después inventaron unos aparatos inalámbricos, que servían para uno caminar por toda la casa gritando por el teléfono, porque el alcance de la conexión era de, si acaso, tres metros.
Después diseñaron el celular, ese apéndice del cuerpo humano sin el cual nos es imposible subsistir, al punto que si salimos de la casa sin ellos, no importa donde estemos, cuando nos damos cuenta tenemos que regresarnos a buscarlo.
Quién sabe, pero con lo adelantado de la ciencia, quién quita que los científicos encuentren el modo de que vivamos sin respirar oxígeno, pero jamás de los jamases descubrirán la forma de que subsistamos sin el celular. El solo pensarlo me hace temblar y entro en pánico.
¿Cómo haríamos sin los celulares para comentarle al mundo los hechos tan importantes que conforman nuestro día? Por ejemplo, preguntarle a mi esposa, cuando voy a comprar leche, si la 2% es igual a la descremada. Mi amor, el jabón Limpiecito se acabó, ¿puedo comprar de la marca Cero Sucio?
Puedo escribir páginas sobre lo útil y positivo que es el celular. Sin embargo, me quiero referir a otros aspectos, que pareciera que no hay forma de que los usuarios entiendan.
A todos nos irrita y lanzamos miradas asesinas al dueño del celular cuando ese maravilloso aparato repica en el medio de una reunión, en la iglesia y suena en el cine, interrumpiendo y molestando a todos menos a la persona que recibe la llamada y responde: ''Aló, estoy en una reunión, en este momento no puedo hablar, te llamo después a ese número. ¿No? Bueno, llámame después''. Eso sí, lo dice susurrando, pero como quien lo llamó no lo oye, sale apresuradamente de la reunión, misa o donde esté, interrumpiendo a los demás.
¿Cuántas veces le ha sucedido que alguien le visita en su oficina o en su casa o le pide que lo acompañe en el carro a hacer una diligencia para aprovechar y conversar el asunto que tienen pendiente, y apenas entran a la oficia o se sientan en el recibo o prenden el carro, se fajan a hablar por el celular?
La mayoría de las veces es porque les llaman. Pero no tienen la cortesía de excusarse con quien les llamó, sino que proceden a conversar. Eso sí, dicen ''un momentito'' y uno queda como un gafo esperando que terminen. De paso nos enteramos de su conversación, la cual ''coincidencialmente'' se trata sobre los excelentes negocios que hacen, la maravilla de hijos que tienen, el premio por excelencia de su negocio que le compró, perdón, que le otorgó una de esas empresas que se dedican a esas menciones honoríficas de dudosa reputación.
Otra particularidad es que las personas, cuando están en lugares públicos, por alguna razón piensan que al marcar en el celular, o cuando les llaman, baja del cielo una cúpula invisible que les cubre y les aísla del resto del mundo. Protegidos como se sienten, seguros de que nadie les oye, hacen los comentarios, relatan hechos personales, sentimentales, cosas sobre terceras personas, detalles del trabajo, en fin, lo que les viene en gana. Claro, agregan: ``No se lo digas a nadie''.
Curiosamente, la inmensa mayoría de la gente al hablar por el celular grita a volúmenes decibélicos tan impresionantes que no es necesario el celular, porque con quien hablan, aunque esté en otra ciudad, le va a oír.
Obviamente la supuesta cúpula sólo existe en la mente de la persona que comenta sus asuntos particulares, gritando con un volumen de concierto de rock. Los que le rodeamos, queramos o no, nos enteramos de cosas y casos que deberían ser de la exclusiva información de los interlocutores.
Ahora, si el chisme es sabroso no importa que grite con ganas, que a la mayoría el chisme no nos gusta, pero nos entretiene
Amigo, amiga, créamelo: cuando usted habla por el celular, los que le rodeamos también oímos. Y recuerde que aquí hay quienes hablan español, espánglish y hasta inglés.

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